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Las 5 regiones vinícolas que se disfrutan mejor fuera de la temporada de cosecha

La vendimia suele llevarse toda la atención cuando se habla de viajes enológicos, pero no siempre es el mejor momento para conocer una región vinícola. Durante la cosecha, los hoteles se llenan, las carreteras se congestionan y muchas bodegas concentran su trabajo en la producción.

Fuera de esa temporada, el viaje se vuelve más tranquilo, más personal y mucho más flexible. Es entonces cuando hay tiempo para conversar con productores, recorrer pueblos cercanos y sentarse a probar una copa sin prisa. Estas cinco regiones demuestran que el vino también se descubre cuando los viñedos están en silencio.

1. Kakheti, Georgia

Kakheti es la región vinícola más importante de Georgia y una de las más auténticas para visitar en primavera o a finales de otoño. Fuera del rtveli, la cosecha tradicional que ocurre entre septiembre y octubre, las pequeñas bodegas familiares tienen mayor disponibilidad para explicar la elaboración del vino en qvevri, las grandes ánforas de barro enterradas bajo tierra.

Sighnaghi funciona como una buena base para explorar viñedos, monasterios y pueblos del valle de Alazani. Es un viaje que mezcla vino ámbar, cocina georgiana, pan recién horneado y vistas hacia las montañas del Cáucaso, sin depender de la energía intensa de un festival de vendimia.

2. Valle del Itata, Chile

El Valle del Itata conserva una identidad más rural y menos visible que otras zonas vinícolas chilenas. Sus cepas antiguas de país y moscatel, muchas cultivadas por familias durante generaciones, hacen que la experiencia tenga un ritmo mucho más cercano que una visita a las grandes bodegas del Valle Central.

Visitar entre abril y agosto permite recorrer caminos tranquilos entre Guarilihue, Coelemu y Chillán, conocer productores pequeños y probar vinos que recuperan métodos tradicionales. El paisaje cambia con las estaciones, pero la hospitalidad de las viñas familiares se mantiene como la razón principal para llegar hasta esta zona.

3. Finger Lakes, Estados Unidos

Finger Lakes, en el norte del estado de Nueva York, gana un encanto especial durante la primavera tardía y el inicio del verano. Los lagos Seneca, Cayuga y Keuka suavizan el paisaje de colinas, cascadas y pueblos pequeños, mientras las bodegas recuperan un ritmo más tranquilo después del invierno.

La región es conocida por sus rieslings, pero el viaje no se limita a las copas. Watkins Glen, Geneva y los senderos cercanos permiten combinar una degustación con caminatas junto al agua, mercados locales y restaurantes que trabajan con productos de la zona. Conviene verificar horarios, especialmente fuera de los meses más activos.

4. Valle de Okanagan, Canadá

El Valle de Okanagan ofrece una versión distinta del turismo vinícola canadiense: lagos amplios, montañas secas y pueblos que se recorren sin la presión de las grandes multitudes. Durante mayo, junio o principios de octubre, el clima suele permitir comidas al aire libre y recorridos tranquilos entre Kelowna, Penticton y Naramata.

La región produce vinos blancos, rosados y tintos de buena calidad, pero su mayor atractivo está en el paisaje. Una visita fuera de la cosecha permite alternar las bodegas con rutas junto al lago, galerías de arte y pequeños mercados agrícolas donde todavía se siente una conexión real con la producción local.

5. Valle del Duero, Portugal

El Duero es famoso por sus vendimias de otoño, pero visitarlo en primavera revela una versión más serena y luminosa de sus terrazas. Los viñedos cubren las laderas junto al río y los barcos avanzan lentamente entre pueblos históricos, miradores y quintas donde se producen vinos de Oporto y vinos tranquilos.

La base ideal es Peso da Régua o Pinhão, dos localidades que permiten moverse por carretera, tren o barco. Fuera de septiembre, las bodegas suelen tener más espacio para degustaciones detalladas y almuerzos largos, mientras el paisaje conserva toda su fuerza visual sin la intensidad de la temporada alta.

Junior Marte

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