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Las 5 ciudades poco conocidas donde los tranvías históricos todavía cuentan la historia del viaje

No todas las grandes historias ferroviarias ocurren en ciudades que aparecen en cada guía de viajes. En algunos destinos, el tranvía conserva una relación directa con los barrios, los mercados y la vida diaria, sin convertirse en una atracción diseñada solo para visitantes. Son ciudades donde el sonido sobre los rieles revela una escala más humana y lenta del viaje.

En vez de recorrer avenidas monumentales de fama mundial, estos trayectos permiten descubrir lugares con personalidad propia y una historia menos repetida. Estas cinco ciudades demuestran que los tranvías históricos pueden ser la mejor puerta de entrada a destinos que todavía sorprenden.

1. Oradea, Rumanía

Oradea es una de las ciudades más elegantes y menos exploradas de Rumanía, conocida por sus fachadas art nouveau, sus plazas tranquilas y sus baños termales. El tranvía conecta la estación de tren con Piata Unirii, el corazón histórico donde se concentran edificios restaurados, cafés y la iglesia de la Luna. Es una manera eficiente de orientarse sin depender de taxis ni de recorridos organizados.

La ciudad no intenta vender el tranvía como una postal del pasado. Funciona como parte de la rutina local y une zonas residenciales con el centro, lo que permite observar una Rumanía urbana más cotidiana. Bajarse en Piata Unirii y continuar a pie hacia la fortaleza de Oradea es un buen plan para una primera tarde.

2. Calcuta, India

El tranvía de Calcuta es una rareza viva dentro de una de las ciudades más intensas de Asia. Sus vagones avanzan lentamente entre librerías, vendedores ambulantes, edificios coloniales y el tráfico impredecible de una ciudad que nunca parece detenerse. La experiencia no es cómoda en el sentido convencional, pero ahí está su fuerza: viajar en tranvía obliga a mirar y escuchar Calcuta desde muy cerca.

La red ha reducido sus rutas con el paso de los años, pero todavía existen servicios patrimoniales y recorridos especiales. Subirse a uno permite conectar lugares como Esplanade y los alrededores de Maidan con una forma de transporte que sobrevivió a transformaciones enormes. Conviene verificar el servicio disponible antes de planear el recorrido.

3. Río de Janeiro, Brasil

 

El bonde de Santa Teresa sube desde el centro de Río hacia uno de los barrios con más personalidad de la ciudad. El pequeño tranvía amarillo pasa por el acueducto de Arcos da Lapa y continúa entre casas antiguas, talleres, murales y bares donde la vida ocurre lejos de las playas más fotografiadas. El trayecto es breve, pero cambia por completo la imagen habitual de Río.

Santa Teresa se recorre mejor sin prisa, alternando el tranvía con caminatas por calles inclinadas. El bonde no es solo una forma de llegar al barrio: es parte de su memoria, recuperada tras años de interrupciones y obras. Antes de ir, conviene revisar los horarios, ya que el servicio puede cambiar.

4. Sarajevo, Bosnia y Herzegovina

Sarajevo introdujo su primer tranvía en 1885, cuando la ciudad formaba parte del Imperio austrohúngaro. Hoy la red sigue cruzando la avenida principal y conecta el casco histórico de Bascarsija con barrios situados hacia Ilidza. Desde la ventana se puede ver cómo conviven mezquitas, edificios de la época austrohúngara, mercados y huellas más recientes de una historia compleja.

La línea permite comprender que Sarajevo no se descubre únicamente en sus monumentos. Es un medio útil para ir desde los callejones del centro hasta zonas que muestran la escala real de la ciudad. Tomarlo al final de la tarde ofrece una mirada distinta sobre una capital que siempre ha estado en el cruce de culturas.

5. Naumburg, Alemania

Naumburg, en el estado alemán de Sajonia-Anhalt, conserva uno de los sistemas de tranvía más pequeños del país. Su línea conecta la estación de tren con el centro histórico y circula con vagones que parecen pertenecer a otra época. El recorrido es corto, pero une dos razones suficientes para visitar la ciudad: su catedral medieval y sus calles de piedra con casas tradicionales.

El tranvía fue salvado después de un cierre y volvió a operar gracias a una iniciativa local que entendió su valor como transporte público y patrimonio. Esa historia le da un interés especial: no es una réplica ni un adorno turístico, sino un servicio que la comunidad decidió conservar. Naumburg funciona muy bien como escapada desde Leipzig o Berlín para quien busca una Alemania menos obvia.

Yuniet Blanco Salas

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